Manu Ginóbili se despidió de la celeste y blanca.

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El adiós al número  1 del básquet, un ídolo que La Segunda eligió como su cara institucional por los valores que representa, y al que vimos crecer hasta volverse gigante. Sólo queda por decir: “¡Olé, Olé, Olé, Manu, Manu!”

La medalla de oro en Atenas 2004, la de bronce en Pekín 2008, el Mundial de Indianápolis 2002 y el partido contra Estados Unidos de agosto de 2016, en las Olimpíadas de Río. Todos estos momentos marcaron la vida de Manu Ginóbili con la celeste y blanca, y también marcaron a un país que no olvidará todo lo que este ídolo le regaló: un ejemplo a seguir, un 10, un deportista humilde, perseverante, que siempre busca, que siempre acompaña, solidario, un verdadero líder. Y, orgullosamente, la cara de La Segunda, la compañía que lo respalda desde hace años.

Manu Ginóbili jugó ayer su último partido con la Selección Argentina de Básquet. Fueron 104 las oportunidades en los que demostró una entereza que le valió que ayer el estadio vibrara con el canto “¡Olé, Olé, Olé, Manu, Manu!”. Y que hizo que todo el equipo de Estados Unidos se acercara a abrazarlo para despedir al número 1. La admiración y el amor que despierta este líder traspasaron las fronteras de Argentina, y sirvieron para que muchos descubrieran un deporte que no forma parte del folclore del país, pero que conlleva los valores que se necesitan para ser grande.

A sus 39 años, Manu se puede retirar con la seguridad de haber dejado todo en la cancha, y desde La Segunda continuaremos admirando y levantado la bandera de los valores que este gran basquetbolista representa. Fue un largo viaje en el que lo vimos volverse cada vez más grande, gigante, y hoy estamos seguros de que comienza otro camino, lleno de desafíos, porque Manu es de los que siempre busca nuevos horizontes que alcanzar para continuar evolucionando, al igual que nosotros.

Ginóbili, mucho más que un atleta #ManuOlímpico

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Emanuel Ginóbili es un ejemplo de perseverancia, solidaridad y trabajo en equipo. Por eso y muchas cualidades más, este ídolo es también la cara de La Segunda

Durante cualquier entrevista, tras derrotas o victorias, Emanuel Ginóbili siempre demuestra una tremenda entereza y humildad. Y al conocer un poco más de su historia, es innegable que esta estrella del básquet internacional tuvo que perseverar, trabajar duro y mantener los objetivos bien claros para llegar dónde llegó. Muy conscientes de esto, desde La Segunda lo convertimos en la cara institucional de nuestra empresa, por enarbolar los mismos valores que nos guían en cada una de las acciones que realizamos. En sus 100 partidos jugados con la celeste y blanca, queremos felicitar a Manu Ginóbili, y contarte quién es este gigante:

La historia de Emanuel Ginóbili comienza en Bahía Blanca, en 1977. Flaco y de baja estatura, quería seguir el camino de sus hermanos que jugaban básquet, pero la naturaleza no estuvo de su lado hasta entrada la pubertad, cuando el estirón lo habilitó a la cancha. Y como la suerte llega cuando la preparación y la oportunidad se encuentran, Manu se había preparado toda su vida para ese momento, a pesar de las adversidades. Desde su debut en la Liga Nacional hasta su llegada y consagración en la NBA, Ginóbili no ha dejado de demostrar por qué es un ídolo con todas las letras.

Estos son los cuatro valores que Ginóbili ha representado a lo largo de su carrera, y que La Segunda comparte como directiva de trabajo en todas sus áreas:

  • Perseverancia. A pesar de que todo indicaba que no podría jugar al básquet debido a su contextura física, Manu no se dio por vencido. Continuó entrenando hasta que finalmente tuvo la oportunidad de demostrar su valor en la cancha. Lo mismo ante cada lesión, que sobrellevó con entereza y sin bajar los brazos.
  • Trabajo en equipo.  9 medallas con la Selección Nacional, incluida la dorada en las Olimpíadas de Atenas 2004, cuatro anillos con los San Antonio Spurs y más de 15 reconocimientos individuales respaldan su talento absoluto. Sin embargo, Manu no deja de señalar el valor de sus compañeros en la cancha a la hora de la victoria. Y ahora va por su cuarto Juego Olímpico.
  • Objetivos claros. Manu siempre supo lo que quería y lucho por conseguirlo, con trabajo duro, mucho esfuerzo, los objetivos bien claros y la mirada puesta en la meta.
  • Solidaridad. Desde su ciudad natal, Bahía Blanca, Manu lleva adelante la fundación que lleva su nombre, desde donde asiste a instituciones dedicadas a la salud y el desarrollo de los niños más necesitados.

Ahora Manu… ¡vamos por más!

 

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